El tsunami de Sumatra del 26 de diciembre de 2004 no sólo devastó una superficie gigantesca; también alteró levemente la gravedad de la zona, según un nuevo estudio de la ESA.
Cuando el lecho del océano Índico se desplazó a lo largo de una falla de 1.000 km creó un saliente de 6 metros de altura. Ese gran movimiento de rocas cambió de inmediato la gravedad local.
Se trata de algo normal. Los mapas creados a partir de los datos de los satélites muestran que la fuerza de la gravedad varía de un punto a otro. Una de las razones para ello es la rotación de la Tierra. Al girar, el planeta se abomba en el Ecuador. Dado que la Tierra tiene 42 km más de anchura en el Ecuador, allí la fuerza de la gravedad es más débil que en los polos.
También influyen las montañas elevadas, las fosas oceánicas y los distintos tipos de roca del interior de la Tierra. Incluso las mareas, las corrientes marinas y las capas de hielo que se derriten hacen variar los valores de la gravedad.

En la actualidad resulta difícil medir esas variaciones de gravedad tan pequeñas, pero eso cambiará con el lanzamiento, el próximo año, de la misión GOCE (Gravity Field and Ocean Circulation Explorer) de la ESA.
Dicha nave, de altísima sensibilidad, estudiará la gravedad de manera muy detallada. Su altitud variará (ascendiendo y descendiendo) al pasar sobre regiones de mayor y menor atracción gravitatoria, y sus instrumentos informarán de los cambios detectados en los campos gravitatorios que encuentre a su paso.
Esto permitirá a los científicos determinar la cantidad de material que se desplaza, tanto si es de forma súbita por un terremoto, o gradualmente con los deshielos. Dichos datos permitirán incluso detectar los cambios en la circulación de los océanos, relacionados con el cambio climático.