El petróleo es un elemento fundamental en la vida actual. Sin su precioso combustible, los automóviles y camiones no llegarían a las carreteras, los aviones no podrían volar y muchos sectores industriales quedarían paralizados. Sin embargo, el petróleo también puede ser una amenaza para la naturaleza si no se maneja de manera adecuada. Los vertidos de petróleo pueden esparcirse por grandes superficies del mar. Las viscosas manchas marrones recubren todo lo que tocan con un chapapote pegajoso que acaba con la vida de muchas aves y animales marinos, y cubren la arena de las playas y los arrecifes de coral.
La última catástrofe provocada por el petróleo se inició el 22 de abril de 2010, después del estallido de una plataforma de perforación que se hundió en el Golfo de México. Desde entonces, el pozo de petróleo afectado ha dejado escapar millones de barriles de crudo desde el lecho marino, en lo que constituye una amenaza de desastre ecológico de grandes proporciones.

La expansión del monstruo marrón se ha observado desde varios satélites, entre ellos el Envisat, de la ESA. Esos ‘ojos en el espacio’ ofrecen información crucial y actualizada a miles de responsables públicos y muchas otras personas que viven de la pesca y del turismo.
Los instrumentos ópticos del satélite detectan el chapapote durante el día, cuando el cielo está despejado. Los instrumentos de radar pueden observar la mancha de petróleo de noche y a través de las nubes. Al ofrecer información sobre el oleaje y las corrientes del mar, también permiten calcular el ritmo de dispersión de la contaminación.
Las imágenes muestran que el petróleo ha quedado atrapado en una corriente circular, al menos por el momento, muy alejada de la mayor parte de Florida. Mientras tanto, se ha iniciado la temporada de huracanes y los satélites rastrean la zona por si aparecen fuertes tormentas que retrasarían los esfuerzos para sellar definitivamente la fuga de petróleo.