Los lagos son valiosas fuentes de agua y alimentos, en particular en países poco desarrollados. Sin embargo, se dañan fácilmente con el exceso de uso, la contaminación y los cambios climáticos. Desde el espacio se observan fácilmente los cambios en el tamaño y las líneas costeras de los lagos. Uno de los ejemplos más impactantes es el mar de Aral.
Esta información resulta muy valiosa en regiones remotas y países pobres. Muestra cómo la agricultura y las condiciones meteorológicas influyen en los niveles del agua. Además, permite alertar de posibles inundaciones a las personas que viven en las inmediaciones.
Los satélites también proporcionan información importante sobre el estado de los lagos, como la temperatura del agua, su color y su nivel de contaminación.
Uno de los ejemplos más impactantes es el mar de Aral, en Kazajistán. Lo que en su día fue el cuarto lago más grande del mundo se ha reducido a menos de la mitad de su tamaño original en los últimos 45 años.
Las imágenes de satélites como el Envisat de la ESA muestran cómo la actividad humana ha reducido a un hilo de agua los ríos que desembocan en el mar de Aral. Como consecuencia, el lago se ha dividido en dos. Ahora queda un desierto de 40 000 kilómetros cuadrados de suelo blanco y salino alrededor de su perímetro.
Los instrumentos de radar en el espacio también pueden medir los cambios en los niveles de los lagos y los ríos que los alimentan. En la mayor parte del mar de Aral, el nivel del agua ha descendido 14 metros desde la década de 1960. Sin embargo, los esfuerzos para elevar el nivel del agua y reducir su salinidad en la parte norte del lago han tenido cierto éxito en los últimos años.