Millones de personas del sur de Estados Unidos contienen el aliente mientras un gigantesco monstruo marrón se arremolina en alta mar, dispuesto a asfixiar la costa cercana. Ese monstruo es una inmensa mancha de petróleo que se desplaza empujada por los vientos y las corrientes marinas. Si llega a tierra, importantes caladeros, playas turísticas y zonas de fauna silvestre quedarán sepultados bajo un cieno pesado y pegajoso. Existe la amenaza de un gran desastre medioambiental.
Satélites de detección remota de varios países, incluido el Envisat de la ESA, supervisan de manera constante los movimientos de la mancha viscosa. Los instrumentos ópticos situados a bordo de los satélites pueden detectar la superficie del vertido durante el día, cuando los cielos de la zona están despejados. Los instrumentos de radar observan la marea negra de noche y a través de las nubes, a la vez que suministran información acerca de las condiciones de su superficie y la velocidad a que se desplaza. Esto permite calcular la dirección en que se puede esparcir la contaminación.

La crisis se inició el 22 de abril en el Golfo de México, después de que se produjera el estallido de una plataforma petrolera y su posterior hundimiento. Desde entonces, un pozo petrolero situado 1,5 km por debajo de la plataforma ha estado expulsando miles de barriles de crudo al día. En apenas cuatro días, la mancha se había esparcido sobre una superficie de 77 km de largo y 63 de ancho. Al principio, las imágenes de satélite revelaban que el petróleo era empujado hacia las costas de Louisiana pero, por fortuna, los vientos cambiaron de dirección y la mancha se ha mantenido mayormente en alta mar.
No obstante, las imágenes recibidas desde el espacio muestran ahora una larga lengua de vertido que se desplaza hacia el sur. El 19 de mayo, las imágenes de radar del Envisat indicaron que el petróleo había penetrado en una potente corriente marina que podría impulsarlo hacia los hermosos arrecifes de coral de Florida.