Nuestros cerebros son órganos increíbles y complejos. Millones de años de evolución los han convertido en auténticos maestros de la multitarea, lo que nos permite hacer varias cosas a la vez. Imagina que estás dando un paseo y, al mismo tiempo, decides enviar un mensaje de texto a un amigo. Parece sencillo, pero tu cerebro tiene que controlar tu cuerpo para que sigas caminando; saber dónde estás; evitar que te caigas; manejar el móvil; redactar el mensaje; ¡y mucho más!
Una de las razones por las que el cerebro tiene esta gran capacidad multitarea es que utiliza diferentes partes del cuerpo que, juntas, se denominan sistema vestibular. Se trata de un conjunto de sentidos y órganos que nos ayudan a realizar acciones complejas, como andar y escribir mensajes. Por ejemplo, el oído interno forma parte del sistema vestibular. Envía al cerebro información que nos permite mantener el equilibrio y controlar el cuerpo para no marearnos y caernos. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que estar en condiciones de microgravedad en el espacio confunde al sistema vestibular.

Un grupo de voluntarios ha volado en un avión especial denominado Zero G. Cuando el aparato efectúa ciertas maniobras, las personas que están a bordo experimentan unos instantes de caída libre, lo que produce un efecto parecido a estar en un entorno sin gravedad. El Zero G puede hacer que la gente sienta los efectos de la microgravedad durante 20 segundos antes de volver a elevarse, pero es tiempo suficiente para hacer experimentos científicos.
Se entregaron a los voluntarios unos cascos de realidad virtual que les hacían pensar que estaban dentro de un laberinto. Durante los diferentes lapsos de 20 segundos de microgravedad, tenían que hallar el camino a través del laberinto para llegar hasta una moneda de oro. Los voluntarios encontraron esta tarea mucho más difícil durante el vuelo que cuando volvieron a tierra firme.
Puede que el experimento haya sido divertido, pero plantea algunas preocupaciones serias. El sistema vestibular de los voluntarios se vio alterado por la ingravidez, que es precisamente lo que les ocurre a los astronautas en el espacio. Si enviamos seres humanos en viajes largos a otros planetas, permanecerán en ingravidez durante mucho tiempo. Esto les dificultará realizar tareas como acoplar naves espaciales, controlar brazos robóticos y, sencillamente, orientarse en nuevos entornos.

Se van a enviar cascos de realidad virtual a la Estación Espacial Internacional para que los astronautas puedan continuar con el experimento. Los científicos piensan que, cuanta más experiencia tiene una persona con la microgravedad, mejor se comporta su sistema vestibular. ¿Cuáles serán los resultados? ¿Podrán los astronautas veteranos encontrar la moneda de oro en un tiempo récord?
Dato curioso: Esta investigación podría ayudar a las personas de la Tierra que padecen enfermedades como el Alzheimer.