Los huracanes son las tormentas más pavorosas de la Tierra. Después de formarse sobre las aguas cálidas del Océano Atlántico tropical, las enormes espirales se desplazan hacia el Oeste dejando un reguero de destrucción. El huracán más fuerte en lo que va de año ha sido el Dean, que azotó México después de abrirse paso a través de las islas del Caribe. Los satélites de la ESA siguieron la trayectoria de Dean a medida que sus vientos de 260 km/h levantaban olas enormes y arrasaban edificios. Provocó la muerte de al menos ocho personas.
Conocer la fuerza y la trayectoria de los huracanes es decisivo para poder lanzar avisos por adelantado. Por suerte, ya hay satélites como el Envisat y el ERS-2 de la ESA que facilitan el estudio de las tormentas imprevisibles. Sus instrumentos ópticos y radares pueden monitorizar los cambios en la estructura de las nubes, los vientos y las olas, la temperatura de la superficie marina y su altura.
Los instrumentos ópticos situados a bordo del Envisat muestran la parte alta del remolino de nubes, en tanto que el radar penetra a través de las nubes para mostrar cómo los vientos azotan las olas en el océano. Los pulsos de radar del altímetro miden la altura de la superficie del mar con una precisión de pocos centímetros. El radar dispersómetro de vientos instalado en el ERS-2 es especialmente valioso, ya que las fuertes lluvias prácticamente no afectan a sus resultados. Puede enviar datos sobre la velocidad y la dirección del viento que cruza la superficie del océano desde el núcleo de las tormentas más feroces.
Dado que los huracanes se nutren de aire cálido y húmedo, los datos sobre la temperatura del mar son de gran importancia para los meteorólogos. Uno de los instrumentos del Envisat es un termómetro situado en el espacio que mide la temperatura de la superficie marina con una precisión de hasta fracciones de grado. Mientras el Dean languidece, la mirada de la ESA en el cielo ya se prepara para escrutar la próxima tormenta asesina.