En el verano de 2008, dos de los observatorios espaciales más sensibles jamás lanzados al espacio despegarán desde Kourou, en la Guayana Francesa. El cohete Ariane 5 llevará a bordo el Herschel, el telescopio espacial detector de calor más potente que existe, junto con el satélite Planck, que estudiará la débil radiación que llenó el Universo inmediatamente a continuación del Big Bang.
Todo lo relacionado con el Observatorio Espacial Herschel de la ESA es de grandes dimensiones. El satélite tiene unos 7 metros de altura y 4,3 metros de ancho, con un peso de 3,25 toneladas. El telescopio cuenta con un espejo principal de 3,5 metros de ancho, el más grande que se haya construido jamás para una nave científica.
El observartorio recibe su nombre de otro gigante científico, el astrónomo y músico alemán William Herschel. En 1800 Herschel estaba utilizando un prisma de cristal para separar la luz blanca en un arco iris de colores. Para su sorpresa, observó que un termómetro situado junto al haz de luz roja indicaba un aumento de temperatura. Herschel acababa de descubrir la luz invisible del Sol que los científicos conocen como “radiación infrarroja”. Normalmente le llamamos simplemente “calor”.
Herschel se situará a 1,5 millones de kilómetros de distancia, lo suficiente para evitar los problemas ocasionados por la radiación infrarroja de la Tierra, que obstaculizaría las observaciones. Sus tres instrumentos estarán refrigerados por helio líquido, para mantener temperaturas cercanas al cero absoluto (-273 °C).
Herschel nos permitirá estudiar el Universo ‘frío’. Sus ‘ojos’ superfríos mirarán a través de las nubes de polvo para estudiar las regiones donde se forman las estrellas, los centros galácticos y los planetas ocultos. Por encima de todo, intentará averiguar cómo se formaron las galaxias y las estrellas en el Universo primitivo.