La búsqueda de planetas situados más allá de nuestro sistema solar inició una nueva era el 27 de diciembre de 2006 con el lanzamiento del satélite europeo COROT. El COROT, que fue puesto en órbita por una nueva versión del cohete Soyuz, despegó del cosmódromo Baikonur, en Kazajstán, a las 15.23 CET. 50 minutos después el satélite de 630 kg de peso era situado en una órbita polar perfecta, a 900 km de altura sobre la Tierra.
Desde entonces, el telescopio de 30 cm del COROT y su cámara de alta sensibilidad han permitido estudiar ‘terremotos estelares’ y buscar nuevos mundos. Para ello, el satélite capta la débil luz de 120.000 estrellas y la transmite a una cámara especial con dos secciones.

La mitad de la cámara está diseñada para descubrir planetas lejanos. Para ello, registra minúsculas disminuciones en el brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella. Muchos de los objetos que COROT ha encontrado son ‘Júpiteres calientes’, es decir, planetas gigantes muy cercanos a sus estrellas. Sin embargo, también ha detectado un pequeño número de ‘super-Tierras’. Estos mundos rocosos son solo unas pocas veces más grandes que la Tierra. COROT-7b —con un diámetro inferior al doble del de la Tierra— fue el exoplaneta más pequeño jamás descubierto.
La otra mitad de la cámara está preparada para detectar cambios mínimos en el brillo de las estrellas provocados por ondas acústicas que recorren su superficie. Son como las ondas sísmicas que se producen en la Tierra y permitirán a los científicos conocer mucho mejor las condiciones internas de las estrellas. El satélite SOHO de la ESA ya ha permitido llevar a cabo estudios similares del Sol.