El 14 de enero de 2005, la sonda Huygens de la ESA realizó un aterrizaje histórico en la superficie de Titán, el satélite gigante de Saturno. Ahora, tras un minucioso análisis de los datos de Huygens, los científicos han desentrañado muchos de los misterios de esta luna del tamaño de un planeta.
Durante su descenso de 2 ½ horas, los instrumentos registraron datos de temperatura, velocidad del viento y composición atmosférica. Los resultados demuestran que la Huygens describió una trayectoria accidentada, ya que fue empujada hacia el este por fuertes vientos de más de 100 km por hora. Sin embargo, mientras descendía a la deriva hacia la neblina anaranjada, la temperatura y la densidad de la atmósfera aumentaron al tiempo que se reducía la velocidad del viento. Los vientos invirtieron su rumbo a una altura de 7 km, arrastrando a la Huygens suavemente hacia el oeste en los últimos minutos de descenso.

La atmósfera estaba compuesta principalmente de nitrógeno, con cerca de un 5 por ciento de metano; la neblina de la atmósfera también estaba formada en gran parte por metano (en la Tierra, el gas metano se utiliza como combustible de calderas y cocinas).
Las cerca de 350 imágenes captadas durante la misión descubrieron un paisaje helado marcado por canales oscuros que serpentean hacia una ‘línea de costa’ de contornos suaves. Los chaparrones de metano en ciertos casos llenan los canales, creando ríos temporales que erosionan la superficie y arrastran materia desprendida hacia las llanuras cercanas.
La planicie baja en la que descendió la Huygens estaba salpicada de guijarros y pequeños trozos de hielo. Aunque la superficie era bastante blanda, como de nieve apenas comprimida, la temperatura era muy baja (-180 °C), mucho más fría que la de la Antártida. El hielo finamente granulado estaba humedecido por metano, que se evaporaba al contacto con la sonda caliente.