El espacio es inmenso. Un viaje a la Luna —nuestra vecina en el espacio— duraría tres días utilizando cohetes químicos normales. Los viajes a Marte, a los asteroides y a los planetas exteriores durarían muchos meses o incluso años.
Durante los viajes largos, la salud y el estado físico de los astronautas son mermados por la exposición a la radiación y la ingravidez. Las misiones largas también requieren más aire, agua y alimentos. Asimismo se incrementa la probabilidad de que algo salga mal, pero ¿cómo pueden acortarse estas misiones?
Una forma de hacerlo es aumentar la eficiencia de los motores de cohete. Los ingenieros de la ESA ya han construido un sistema de propulsión eléctrica para la misión SMART-1 a la Luna. Los motores eléctricos son mucho más pequeños y ligeros que los motores normales. Aunque consumen mucho menos combustible, son capaces de generar una mayor velocidad de escape, es decir, la velocidad a la que el gas del motor sale disparado al espacio.
Gracias a la electricidad generada por la luz solar que incide sobre unas ‘alas’ formadas por células solares, pueden aumentar poco a poco la velocidad de una nave espacial hasta que esta alcance una velocidad muchas veces superior a la de un cohete químico.
Para las misiones que se alejen del Sol, será necesario utilizar motores nucleares; en efecto, utilizando tales motores se podría llegar a Marte en apenas unos días.