Muchas veces se designa a la Tierra como el planeta azul, porque es el único mundo de nuestro Sistema Solar que está mayormente cubierto de agua. Sin embargo, varios satélites, incluida la gigantesca luna Titán de Saturno, podrían tener mares bajo la superficie. El indicio de la existencia de un mar en el subsuelo de Titán lo ha dado el descubrimiento de grandes mareas.
Cualquiera que visite la costa estará familiarizado con las mareas: la subida y bajada del nivel del mar que se produce dos veces al día. Menos evidentes son las mareas que hacen que la corteza de nuestro planeta suba y baje unas pocas decenas de centímetros. Estas mareas se deben a la fuerza gravitatoria combinada de la Luna y el Sol sobre la Tierra. Las mareas en Titán se producen de forma similar. Sin embargo, en este caso es la atracción de Saturno la que hace que la luna cambie de forma durante su órbita de 16 días alrededor del planeta.
Los cambios de forma de Titán se han detectado mediante un seguimiento minucioso de la trayectoria de la sonda Cassini cuando pasa cerca de la luna. Las diferencias en la forma en que Titán ejercía su influencia sobre la Cassini revelaron que la fuerza gravitatoria de la luna —y, por lo tanto, su forma— había variado muy ligeramente. En su punto más alejado, cuando la atracción de Saturno es más débil, Titán es casi esférico, como un balón de fútbol. Cuando el satélite se encuentra más cerca de Saturno, se alarga hasta parecerse más a un balón de rugby.
Las mareas resultantes hace que la superficie de Titán suba y baje más de 10 metros. Sin embargo, esa variación es mucho mayor de lo que se esperaría de una luna totalmente sólida. Esto indica que tiene un océano en el subsuelo, tal vez a 250 km de profundidad, debajo de una capa helada de unos 50 km de grosor.