Que se hagan a un lado Francia, Italia y Alemania. En el mundo del fútbol robótico, Austria no tiene rival. Esta forma de fútbol del siglo XXI despierta pasiones en el Instituto de Ciencias de la Robótica, o Mechatronics, de la Universidad Tecnológica de Viena, en Austria. Sin embargo, los minirrobots, que son muy buenos deportistas, también cumplen un fin mucho más serio
Hasta ahora, los robots destinados al uso en el espacio no contaban con ninguna capacidad de inteligencia. Dispositivos como el Brazo Robótico Europeo dependen por completo de un operador humano. Por el contrario, los minijugadores de fútbol están programados para ser inteligentes y cuentan con varios niveles de software diferentes. El nivel estratégico define la posición y la función de un robot; por ejemplo, le indica que defienda la portería. El siguiente nivel controla los movimientos complejos.
Por esa razón, los jugadores robóticos de fútbol han sido seleccionados por el Advanced Concept Team de la ESA para que participen en un proyecto japonés-europeo denominado ‘Furoshiki’. La intención es tender una red gigantesca entre cuatro satélites en órbita con el fin de generar energía solar. Los minirrobots se desplazarán por esa malla para fijar los paneles solares en su sitio.
En una prueba con gravedad cero realizada en enero de 2006, se solicitó a dos robots Roby Junior que treparan por una red “flotante”. Uno de ellos lo logró con éxito durante 30 segundos y consiguió avanzar más de dos metros. Ese éxito modesto puede llevar un día a la creación de robots inteligentes y fuertes que se enfrentarán sin dificultad al hostil ambiente espacial. Hay algo que está claro. Los primeros humanos que lleguen a Marte no irán solos.